En 1994 fiché por el Bilbao Athletic de Segunda División. Empecé a residir en Lezama con una familia de acogida. Hasta entonces prácticamente no conocía Bilbao y no recuerdo si ya la había visitado alguna vez. Cuando en los medios de comunicación me entrevistaban y me preguntaban por la ciudad decía siempre que era muy bonita, que estaba muy bien, pero no era verdad. Por dentro pensaba lo que mucha gente, que era horrible, fea, demasiado industrializada y que la ría olía mal. Mis amigos de Vitoria me llamaban y me decían: “¡qué mentiroso eres!, si Bilbao es feísimo”.

Han pasado 24 años desde entonces y la fotografía que os presento y que hice ayer refleja ahora todo lo contrario. Muestra como se ha transformado una ciudad en algo maravilloso. No solamente los lugares emblemáticos o más turísticos, sino también los pequeños barrios más dejados que han sufrido en todos estos años un cambio radical donde en cualquier sitio desearías vivir.

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